El ocaso del disco físico en la industria del videojuego tiene ya una fecha y un lugar concretos: la planta de Sony ubicada en Thalgau, Austria, comenzará a operar a apenas el 10% de su capacidad actual en 2028, lo que marca un punto de inflexión definitivo en la historia del formato óptico como soporte para los videojuegos de PlayStation.
Dietmar Tanzer, presidente de Sony DADC y responsable de las operaciones de fabricación de discos de la compañía, reveló en declaraciones a la emisora austriaca ORF Salzburg los detalles de esta transformación. Según explicó, la instalación de Thalgau produce actualmente 600.000 discos cada día, de los cuales la mitad están destinados a la plataforma PlayStation. La otra mitad se reparte entre otros formatos, como Blu-ray y DVD para contenido audiovisual.
La reducción proyectada es drástica: de esos 600.000 discos diarios, la planta pasará a fabricar apenas 60.000 en 2028. Este descenso del 90% en la producción refleja la caída estructural en la demanda de soportes físicos, impulsada por el avance imparable de las plataformas de distribución digital y los servicios de suscripción en el sector del entretenimiento.
Thalgau no es una instalación más dentro del entramado industrial de Sony. Se trata de la sede central de la división de fabricación de discos de la empresa y, aparentemente, la única planta de producción de discos que Sony mantiene en propiedad directa. Esto convierte su reconversión en un gesto simbólico y práctico de enorme relevancia para la industria.
Ante este panorama, Sony ha optado por no cerrar la planta ni prescindir de su plantilla. En cambio, la compañía ha anunciado que reorientará las actividades del centro hacia la fabricación de microlentes ópticas, una tecnología con creciente demanda en sectores como la medicina, las telecomunicaciones y los dispositivos de precisión. Para ello, los 300 trabajadores actuales de la instalación recibirán formación específica que les permitirá adaptarse a las nuevas tareas productivas.
La estrategia de Sony no resulta sorprendente si se atiende a la evolución reciente de sus consolas. La compañía lanzó una versión sin lector de discos de la PlayStation 5, conocida como PS5 Digital Edition, lo que supuso una señal temprana de su apuesta por el contenido descargable. Más recientemente, la PlayStation 5 Pro también se comercializó sin lector óptico incorporado, aunque con la opción de adquirirlo por separado.
Esta tendencia no es exclusiva de Sony. Microsoft, con su línea Xbox, también ha apostado fuertemente por los modelos sin unidad de disco y por su servicio Game Pass, que permite acceder a una amplia biblioteca de títulos mediante suscripción mensual. La industria en su conjunto lleva años registrando un descenso sostenido en las ventas de juegos en formato físico, mientras que los ingresos digitales no dejan de crecer.
El impacto cultural de este cambio no es menor. Durante décadas, el disco fue el principal medio de distribución de videojuegos, y generó toda una economía paralela de tiendas especializadas, mercados de segunda mano y coleccionismo. Su desaparición progresiva implica también transformaciones en cómo los consumidores acceden, conservan y revenden los juegos que adquieren.
De cara al futuro, la reconversión de Thalgau ilustra cómo las grandes empresas tecnológicas están gestionando la transición hacia nuevos modelos de negocio sin desmantelar por completo su infraestructura industrial. La apuesta por las microlentes ópticas sugiere que Sony busca mantener su experiencia en tecnología óptica aplicándola a mercados con mayor proyección. Lo que durante generaciones fue una línea de producción dedicada al entretenimiento físico pasará a servir a sectores industriales y científicos de alta precisión, cerrando así un ciclo que definió la distribución de contenidos durante más de tres décadas.