Midjourney, la compañía de inteligencia artificial conocida principalmente por su herramienta generadora de imágenes, ha revelado nuevos detalles sobre un proyecto que busca expandir su actividad hacia el campo de la medicina: un escáner de ultrasonido de inmersión que, según la empresa, podría revolucionar el diagnóstico médico con imágenes detalladas, económicas y sin radiación. Sin embargo, el video publicado ha dejado a especialistas e interesados con más preguntas que respuestas.
El recorrido entre bastidores fue presentado en un video de casi 20 minutos publicado por el youtuber tecnológico Marcin Plaza, quien además trabaja como ingeniero dentro de la propia compañía. El hecho de que el presentador sea un empleado de Midjourney ha generado cuestionamientos sobre la objetividad del material, dado que el objetivo declarado del video parece ser más promocional que técnico.
Durante la presentación, el mismo Plaza describió el dispositivo con un grado de informalidad llamativo para tratarse de un equipo con pretensiones médicas. Según sus propias palabras, el escáner consiste en decenas de sondas de ultrasonido modificadas y ensambladas sobre lo que definió como una especie de jacuzzi con elevador incorporado. El conjunto está conectado a computadoras de componentes comerciales estándar y a ordenadores de bajo costo como Raspberry Pi, lo que plantea interrogantes sobre la robustez y precisión del sistema para aplicaciones clínicas.
La idea central del proyecto es crear un escáner de cuerpo completo por inmersión, donde el paciente se sumerge en un líquido que actúa como medio conductor para las ondas de ultrasonido. Esta tecnología, en teoría, permitiría obtener imágenes tridimensionales detalladas del interior del cuerpo humano sin necesidad de radiación ionizante, a un costo considerablemente menor que el de los equipos de resonancia magnética o tomografía computarizada convencionales.
Midjourney ha indicado que su plan inicial es instalar estos dispositivos en spas y centros de bienestar, antes de dar el salto hacia entornos clínicos formales. Esta estrategia de entrada al mercado ha despertado escepticismo entre profesionales de la salud, quienes advierten que los equipos de diagnóstico médico deben superar rigurosos procesos de validación clínica y obtener aprobaciones regulatorias antes de ser utilizados en personas.
Uno de los elementos que más atención ha captado es la imagen de un fantoma de imagen —un objeto de prueba utilizado en radiología para calibrar equipos— que fue segmentada digitalmente para verificar con qué precisión el sistema distingue estructuras bajo condiciones controladas. Si bien este tipo de prueba es un paso estándar en el desarrollo de tecnología de imagen médica, los críticos señalan que está muy lejos de demostrar que el dispositivo funciona correctamente en tejido humano real, con todas las variaciones anatómicas y artefactos que eso implica.
La comunidad científica y médica ha recibido el proyecto con cautela. El uso de componentes de consumo masivo, la falta de estudios clínicos publicados y la ausencia de validaciones independientes son factores que generan desconfianza. Además, la incursión de una empresa de generación de imágenes con inteligencia artificial en el terreno del diagnóstico médico levanta preguntas sobre la experiencia real del equipo en regulación sanitaria, bioingeniería y ética médica.
Midjourney, por su parte, no ha publicado datos técnicos exhaustivos ni resultados de ensayos en humanos que respalden las capacidades del escáner. La compañía tampoco ha especificado un calendario claro para obtener certificaciones médicas en mercados como el estadounidense o el europeo, donde los requisitos regulatorios son especialmente exigentes.
A medida que la inteligencia artificial continúa expandiéndose hacia sectores tan sensibles como la salud, el caso de Midjourney ilustra la tensión entre la velocidad de innovación tecnológica y las exigencias de seguridad que impone la medicina. En los próximos meses será determinante observar si la empresa presenta evidencia clínica verificable o si el proyecto permanece como una promesa llamativa sin sustento científico suficiente para avanzar hacia su uso real en personas.